sábado, 1 de agosto de 2015

NO ME ENGAÑO



                                   Que nadie se llame a engaño, el tiempo todo lo destruye,
todo lo transforma, es movimiento, evolución.
Si no te desplazas a su compás, no avanzas.

Ansío el tiempo en el que todo permanecía quieto,
el olor de la hierba cortada que ya no piso,
el despertar feliz cada mañana, como entonces,
los bellos atardeceres románticos viendo ocultarse el sol,
las rosas recién cortadas del rosal de mi madre,
el olor a jabón y a risas de mi niñez.
Yo la más amada, la más traicionada, la más abandonada,
la que siempre ríe, la más pusilánime,
me enfrento día a día ante esta verdad.

Andaba confiada por el filo de las palabras
hasta que me hincaron su verdad,
deambulaba por el amor buscando
el sentido de mi existencia,
hasta que me deslicé a la oquedad más lóbrega.
Deshice una a una con dolor las promesas
que minuto a minuto ocultaban y escuchaban
esas paredes prestadas.
Borré el nombre que alimentaba mi corazón,
murió con él mi corazón, ahora solo es víscera.

Que nadie se llame a engaño, se muere cuando se vive.
Y aún así, renacemos con cada muerte,
como renacen cada primavera las rosas
que ya no volverán a perfumar mi estancia con su aroma.                              






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